No hay nada más reconfortante que la respiración pausada que acompaña al esfuerzo extremo, el acompasado latido del corazón con la alegre zancada, la brisa en tu cara, el vacio en tu cerebro, y ver amanecer. Doy gracias a los dioses que fueren por haberme permitido vivirlo.
jueves, 17 de julio de 2014
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