En el repaso que realizamos durante estas fechas a las diferentes figuras navideñas este año nos detenemos en el caganer "por méritos propios".
Escondido entre el musgo o tras un árbol y algo apartado de las figuras principales llenas de emoción y sublime presencia, la figura del caganer pone un punto de realismo sucio en la tradición navideña.
A principios del siglo IV la Iglesia, sustituye una festividad pagana de campesinos y pastores que gozaba de gran popularidad, por la navidad como la conocemos, logra así una transición suave de una fiesta lúdica a otra espiritual.
A San Francisco de Asís se le ocurrió la idea de representar la Natividad en el pesebre con personajes reales. La costumbre arraigó pronto en toda Italia llegando posteriormente a España y especialmente a Cataluña que incorporó un peculiar asistente al divino acto: la figura de un hombre ocupado en el cotidiano acto de evacuar sus intestinos:
el caganer. Mucho se ha discutido sobre el significado oculto de tal actividad en este especial contexto. Algunos consideran que simboliza el ciclo de la fecundación de la tierra. Otros que es un añadido estético (para adornar). Otros que servía para recordar al general romano victorioso que, aun con toda la gloria, era un simple mortal.
El hecho es que el acto de defecar coexiste sin conflicto en el simbólico espacio. Todo un universo de posibilidades abierto a la interpretación popular.
En nuestra ciudad el pestilente olor de lo que oferta el caganer inunda cada rincón y sólo augura tiempos más propicios y mejores. Feliz navidad.